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Donde se cuentan las razones que passo
  Sancho Pança con su señor don Quixote, con
  otras auenturas dignas de ser contadas.


  Llegó Sancho a su amo marchito y desmayado,             5
tanto, que no podia harrear a su jumento.
Quando assi le vio don Quixote, le dixo:
  Aora acabo de creer, Sancho bueno
(*), que
aquel castillo o venta, de que
(*) es encantado
sin duda, porque aquellos que tan atrozmente             10
tomaron passatiempo contigo, ¿qué podian ser
sino fantasmas y gente del otro mundo? Y
confirmo esto por auer visto que quando estaua
por las bardas del corral mirando los actos
de tu triste tragedia, no me fue possible subir          15
por ellas, ni menos pude apearme de Rozinante,
porque me deuian de tener encantado; que
te juro por la fe de quien soy que, si pudiera
subir o apearme, que yo te hiziera vengado
de manera que aquellos follones
(*) y malandrines        20
se acordaran de la burla para siempre,
aunque en ello supiera contrauenir a las leyes
de la
(*) caualleria, que, como ya muchas vezes
te he dicho, no consienten que cauallero ponga
mano contra quien no lo sea, si no fuere en              25
defensa de su propria
(*) vida y persona, en caso
de vrgente y gran necessidad.
  Tambien me vengara yo si pudiera, fuera o
no fuera armado cauallero, pero no pude;




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 232

aunque tengo para mi que aquellos que se
holgaron conmigo no eran fantasmas ni hombres
encantados, como vuestra merced dize, sino
hombres de carne y de huesso como nosotros;
y todos, segun los oy nombrar quando me                   5
bolteauan, tenian sus nombres: que el vno se
llamaua Pedro Martinez, y el otro Tenorio
Hernandez, y el ventero oy que se llamaua Iuan
Palomeque el Zurdo. Assi que, señor, el no poder
saltar las bardas del corral ni apearse del              10
cauallo, en al estuuo que en encantamentos.
Y lo que yo saco en limpio de todo esto es,
que estas auenturas que andamos buscando,
al cabo al cabo
(*), nos han de traer a tantas
desuenturas, que no sepamos quál es nuestro              15
pie derecho. Y lo que seria mejor y mas
acertado, segun mi poco entendimiento, fuera el
boluernos a nuestro lugar, aora que es tiempo
de la siega y de entender en la hazienda,
dexandonos de andar de Ceca en Meca y de zoca            20
en colodra, como dizen.
  ¡Qué poco sabes, Sancho, respondio don
Quixote, de achaque de caualleria! Calla y ten
paciencia; que [dia]
(*) vendra donde veas, por
vista de ojos, quán honrosa cosa es andar en             25
este exercicio. Si no, dime, ¿qué mayor contento
puede auer en el mundo, o qué gusto puede
ygualarse al de vencer vna batalla y al de
triunfar de su enemigo? Ninguno, sin duda
alguna.                                                 30
  Assi deue de ser, respondio Sancho,
puesto que yo no lo se. Solo se que despues




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 233

que somos caualleros andantes, o vuestra
merced lo es --que yo no ay para qué me cuente
en tan honroso numero--, jamas hemos vencido
batalla alguna, si no fue la del vizcayno, y
aun de aquella salio vuestra merced con media             5
oreja y media zelada menos; que despues aca
todo ha sido palos y mas palos, puñadas y mas
puñadas, lleuando yo de ventaja el manteamiento,
y auerme sucedido por personas encantadas,
de quien no puedo vengarme, para saber                   10
hasta donde llega el gusto del vencimiento del
enemigo, como vuestra merced dize.
  Essa es la pena que yo tengo y la que tu
deues tener, Sancho, respondio don Quixote;
pero de aqui adelante yo procuraré auer a las           15
manos alguna espada hecha por tal maestria,
que al que la truxere consigo no le puedan
hazer ningun genero de encantamentos. Y aun
podria ser que me deparasse la ventura aquella
de Amadis, quando se llamaua el Cauallero                20
de la Ardiente Espada, que fue vna de las
mejores espadas que tuuo cauallero en el mundo,
porque, fuera que tenia la virtud dicha, cortaua
como vna nauaja, y no auia armadura, por fuerte
y encantada que fuesse, que se le parasse                25
delante.
  Yo soy tan venturoso, dixo Sancho, que
quando esso fuesse y vuestra merced viniesse
a hallar espada semejante, solo vendria a
seruir y aprouechar a los armados caualleros,            30
como el balsamo; y a los escuderos... que se
los papen duelos
(*).




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 234

  No temas esso, Sancho, dixo don Quixote,
que mejor lo hara el cielo contigo.
  En estos coloquios yuan don Quixote y su
escudero, quando vio don Quixote que por el
camino que yuan venia hazia ellos vna grande              5
y espessa poluareda, y, en viendola, se
boluio a Sancho y le dixo:
  Este es el dia, ¡o, Sancho!, en el qual se ha
de ver el bien que me tiene guardado mi
suerte. Este es el dia, digo, en que se ha de            10
mostrar, tanto como en otro alguno, el valor de
mi braço, y en el que tengo de hazer obras que
queden escritas en el libro de la fama por todos
los venideros siglos. ¿Ves aquella poluareda
que alli se leuanta, Sancho? Pues toda es                15
quaxada de vn copiosissimo exercito que de
diuersas e innumerables gentes por alli viene
marchando.
  A essa cuenta, dos deuen de ser, dixo
Sancho, porque desta parte contraria se leuanta         20
assi mesmo
(*) otra semejante poluareda.
  Boluio a mirarlo don Quixote, y vio que assi
era la verdad, y, alegrandose sobremanera,
penso sin duda alguna que eran dos exercitos
que venian a enuestirse y a encontrarse en               25
mitad de aquella espaciosa llanura; porque
tenia a todas horas y momentos llena la fantasia
de aquellas batallas, encantamentos, sucessos,
desatinos, amores, desafios, que en los libros
de cauallerias se cuentan, y todo quanto                 30
hablaua, pensaua o hazia, era encaminado a
cosas semejantes; y la poluareda que auia visto




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 235

la leuantauan dos grandes manadas de ouejas
y carneros que, por aquel mesmo camino, de
dos diferentes partes venian, las quales, con el
poluo, no se echaron de ver hasta que llegaron
cerca. Y con tanto ahinco afirmaua don Quixote            5
que eran exercitos, que Sancho lo vino a
creer y a dezirle:
  Señor, pues ¿qué hemos de hazer
nosotros?
  ¿Qué?, dixo don Quixote; fauorecer y                10
ayudar a los menesterosos y desualidos. Y has de
saber, Sancho, que este que viene por nuestra
frente le conduze y guia el grande emperador
Alifanfaron, señor de la grande ysla
Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha           15
es el de su enemigo el rey de los garamantas,
Pentapolen
(*) del Arremangado Braço, porque
siempre entra en las batallas con el braço
derecho desnudo.
  Pues ¿por qué se quieren tan mal estos dos            20
señores?, preguntó Sancho.
  Quierense mal, respondio don Quixote,
porque este Alefanfaron
(*) es vn foribundo (*)
pagano, y está enamorado de la hija de Pentapolin,
que es vna muy fermosa y ademas agraciada                25
señora, y es christiana, y su padre no se
la quiere entregar al rey pagano, si no dexa
primero la ley de su falso profeta Mahoma y
se buelue a la suya.
  ¡Para mis barbas, dixo Sancho, si no haze           30
muy bien Pentapolin, y que le tengo de
ayudar en quanto pudiere!




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 236

  En esso haras lo que deues, Sancho, dixo
don Quixote, porque para entrar en batallas
semejantes no se requiere ser armado
cauallero.
  Bien se me alcança esso, respondio                    5
Sancho. Pero, ¿dónde pondremos a este asno,
que estemos ciertos de hallarle despues de
passada la refriega?; porque el
(*) entrar en ella
en semejante caualleria no creo que está en
vso hasta agora
(*).                                    10
  Assi es verdad, dixo don Quixote; lo que
puedes hazer del es dexarle a sus auenturas,
ora
(*) se pierda o no, porque seran tantos los
cauallos que tendremos despues que salgamos
vencedores, que aun corre peligro Rozinante              15
no le trueque por otro. Pero estame atento y
mira, que te quiero dar cuenta de los caualleros
mas principales que en estos dos exercitos
vienen. Y para que mejor los veas y notes,
retiremonos a aquel altillo que alli se haze, de         20
donde se deuen de descubrir los dos exercitos.
  Hizieronlo ansi
(*), y pusieronse sobre vna
loma, desde la qual se vieran
(*) bien las dos
manadas que a don Quixote se le hizieron exercito[s]
(*), si las nuues del poluo que leuantauan               25
no les turbara y cegara la vista; pero, con todo
esto, viendo en su ymaginacion lo que no veya
ni auia, con voz leuantada començo a dezir:
  Aquel cauallero que alli ves de las armas
jaldes, que trae en el escudo vn leon coronado,          30
rendido a los pies de vna donzella, es el
valeroso Laurcalco, señor de la Puente de Plata;




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 237

el otro de las armas de las flores de oro,
que trae en el escudo tres coronas de plata en
campo azul, es el temido Micocolembo, gran
duque de Quirocia; el otro de los miembros
giganteos, que está a su derecha mano, es el              5
nunca medroso Brandabarbaran de Boliche,
señor de las tres Arabias, que viene armado
de aquel cuero de serpiente, y tiene por escudo
vna puerta, que, segun es fama, es vna de
las del templo que derribó Sanson, quando con            10
su muerte se vengó de sus enemigos.
  Pero buelue los ojos a estotra parte, y veras
delante y en la frente destotro exercito al
siempre vencedor y jamas vencido Timonel de
Carcajona, principe de la Nueua Vizcaya, que viene       15
armado con las armas partidas a quarteles,
azules, verdes, blancas y amarillas, y trae en el
escudo vn gato de oro en campo leonado, con
vna letra que dize: «Miau»
(*), que es el principio
del nombre de su dama, que, segun se dize,               20
es la simpar
(*) Miulina, hija del duque
Alfeñiquen del Algarue; el otro, que carga y oprime
los lomos de aquella poderosa alfana, que trae
las armas como nieue blancas, y el escudo blanco
y sin empresa alguna, es vn cauallero nouel,             25
de nacion frances, llamado Pierres Papin
(*),
señor de las baronias de Vtrique; el otro, que
bate las hijadas con los herrados carcaños
(*)
a aquella pintada y ligera cebra, y trae las
armas de los veros azules, es el poderoso duque          30
de Nerbia, Espartafilardo del Bosque, que trae
por empresa en el escudo vna esparraguera,




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 238

con vna letra en castellano que dize assi:
«Rastrea mi suerte».
  Y desta manera fue nombrando muchos
caualleros del vno y del otro esquadron, que el
se ymaginaua, y a todos les dio sus armas,                5
colores, empresas y motes de improuiso, lleuado
de la ymaginacion de su nunca vista locura,
y, sin parar, prosiguio diziendo:
  A este esquadron frontero forman y hazen
gentes de diuersas naciones: aqui estan los que          10
beuian
(*) las dulces aguas del famoso Xanto;
los montuosos
(*) que pisan los masilicos campos;
los que [des]cubren
(*) el finissimo y menudo
oro en la felize Arabia; los que gozan las
famosas y frescas riberas del claro Termodonte           15
(*); los que sangran por muchas y diuersas
vias al dorado Pactolo; los numidas, dudosos
en sus promessas; los persas [en]
(*) arcos y
flechas famosos; [los]
(*) partos, los medos, que
pelean huyendo; los arabes, de mudables casas;           20
los citas
(*), tan crueles como blancos; los
etiopes, de horadados labios, y otras infinitas
naciones, cuyos rostros conozco y veo, aunque de los
nombres no me acuerdo. En estotro esquadron
vienen los que beuen las corrientes cristalinas          25
del oliuifero Betis; los que tersan y pulen sus
rostros con el licor del siempre rico y dorado
Tajo; los que gozan las prouechosas aguas del
diuino Genil; los que pisan los tartesios
campos, de pastos abundantes; los que se alegran         30
en los eliseos xerezanos prados; los manchegos,
ricos y coronados de rubias espigas; los de




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 239

hierro vestidos, reliquias antiguas de la sangre
goda; los que en Pisuerga se bañan, famoso
por la mansedumbre de su corriente; los que su
ganado apacientan en las estendidas dehesas
del tortuoso Guadiana, celebrado por su                   5
escondido curso; los que tiemblan con el frio del
siluoso Pirineo y con los blancos copos del
leuantado Apenino. Finalmente, quantos toda la
Europa en si contiene y encierra.
  ¡Valame Dios, y quántas prouincias dixo,               10
quantas naciones nombró, dandole a cada vna
con marauillosa presteza los atributos que le
pertenecian, todo absorto y empapado en lo
que auia leydo en sus libros mentirosos!
  Estaua Sancho Pança colgado de sus palabras,           15
sin hablar ninguna, y de quando en quando
boluia la cabeça a ver si veya los caualleros
y gigantes que su amo nombraua; y como no
descubria a ninguno, le dixo:
  Señor, encomiendo al diablo hombre, ni                20
gigante, ni cauallero de quantos vuestra merced
dize
(*) parece por todo esto, a lo menos,
yo no los veo; quiça todo deue ser
encantamento, como las fantasmas de anoche.
  ¿Cómo dizes esso?, respondio don Quixote.            25
¿No oyes el relinchar de los cauallos, el tocar
de los clarines, el ruydo de los atambores?
  No oygo otra cosa, respondio Sancho, sino
muchos balidos de ouejas y carneros.
  Y assi era la verdad, porque ya llegauan               30
cerca los dos rebaños.
  El miedo que tienes, dixo don Quixote, te




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 240

haze, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas.
Porque vno de los efectos
(*) del miedo es
turbar los sentidos y hazer que las cosas no
parezcan lo que son; y, si es que tanto temes,
retirate a vna parte y dexame solo; que solo              5
basto a dar la victoria
(*) a la parte a quien yo
diere mi ayuda.
  Y, diziendo esto, puso las espuelas a
Rozinante, y puesta la lança en el ristre, baxó de
la costezuela como vn rayo.                              10
  Diole vozes Sancho, diziendole:
  ¡Bueluase vuestra merced, señor don Quixote,
que boto a Dios que son carneros y ouejas
las que va a enuestir! ¡Bueluase, desdichado
del padre que me engendró! ¿Qué locura es                15
esta? ¡Mire que no ay gigante ni cauallero
alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos
ni enteros, ni veros azules ni endiablados! ¿Qué
es lo que haze?, ¡pecador soy yo a Dios!
  Ni por essas boluio don Quixote; antes, en             20
altas vozes, yua diziendo:
  ¡Ea, caualleros, los que seguis y militays
debaxo de las vanderas del valeroso Emperador
Pentapolin del Arremangado Braço, seguidme
todos; vereys quán facilmente le doy                     25
vengança de su enemigo Alefanfaron
(*) de
la Trapobana!
  Esto diziendo, se entró por medio del
esquadron de las ouejas, y començo de alanceallas
con tanto corage y denuedo, como si de veras             30
alanceara a sus mortales enemigos. Los
pastores y ganaderos que con la manada venian




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 241

dauanle vozes que no hiziesse aquello; pero,
viendo que no aprouechauan, desciñeronse las
hondas y començaron a saludalle los oydos
con piedras como el puño. Don Quixote no se
curaua de las piedras; antes, discurriendo a              5
todas partes, [dezia]
(*):
  ¿Adonde estás, soberuio Alifanfaron
(*)?
Vente a mi, ¡que vn cauallero solo soy que
dessea de solo a solo prouar tus fuerças y
quitarte la vida, en pena de la que das al valeroso      10
Pentapolin Garamanta!
  Llegó en esto vna peladilla de arroyo, y,
dandole en vn lado, le sepultó dos costillas en
el cuerpo. Viendose tan maltrecho, creyo, sin
duda, que estaua muerto o mal ferido, y,                 15
acordandose de su licor, sacó su alcuza y pusosela
a la boca, y començo a echar licor en el
estomago; mas antes que acabasse de enuasar lo
que a el le parecia que era bastante, llegó otra
almendra y diole en la mano y en el alcuza, tan          20
de lleno, que se la hizo pedaços, lleuandole de
camino tres o quatro dientes y muelas de la
boca, y machucandole malamente dos dedos
de la mano.
  Tal fue el golpe primero, y tal el segundo,            25
que le fue forçoso al pobre cauallero dar
consigo del cauallo abaxo. Llegaronse a el los
pastores y creyeron que le auian muerto. Y, assi,
con mucha priessa, recogieron su ganado, y
cargaron de las reses muertas, que passauan              30
de siete, y sin aueriguar otra cosa, se fueron.
  Estauase todo este tiempo Sancho sobre la




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 242

cuesta, mirando las locuras que su amo hazia,
y arrancauase las barbas, maldiziendo la hora
y el punto en que la fortuna se le auia dado a
conocer. Viendole, pues, caydo en el suelo, y
que ya los pastores se auian ydo, baxó de la              5
cuesta y llegose a el, y hallole de muy mal arte,
aunque no auia perdido el sentido, y dixole:
  ¿No le dezia yo, señor don Quixote, que se
boluiesse, que los que yua a acometer no eran
exercitos, sino manadas de carneros?                    10
  Como esso
(*) puede desparecer (*) y
contrahazer aquel ladron del sabio mi enemigo.
Sabete, Sancho, que es muy facil cosa a los tales
hazernos parecer lo que quieren, y este maligno
(*) que me persigue, embidioso de la gloria              15
que vio que yo auia de alcançar desta batalla,
ha buelto los esquadrones de enemigos en
manadas de ouejas. Si no, haz vna cosa, Sancho,
por mi vida, porque te desengañes y veas ser
verdad lo que te digo: sube en tu asno y                 20
siguelos bonitamente, y veras como, en alexandose
de aqui algun poco, se bueluen en su ser
primero, y, dexando de ser carneros, son hombres
hechos y derechos como yo te los pinté primero...
Pero no vayas agora
(*), que he menester                 25
tu fabor y ayuda; llegate a mi y mira quántas
muelas y dientes me faltan, que me parece
que no me ha quedado ninguno en la boca.
  Llegose Sancho tan cerca, que casi le metia
los ojos en la boca, y fue a tiempo que ya auia          30
obrado el balsamo en el estomago de don
Quixote, y al tiempo que Sancho llegó a mirarle




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 243

la boca, arrojó de si, mas rezio que vna
escopeta, quanto dentro tenia, y dio con todo ello
en las barbas del compassiuo escudero.
  ¡Santa Maria!, dixo Sancho, y ¿qué es esto
que me ha sucedido? Sin duda este pecador                 5
está herido de muerte, pues vomita sangre por
la boca.
  Pero reparando vn poco mas en ello, echó
de ver en la color, sabor y olor, que no era
sangre, sino el balsamo de la alcuza, que el le          10
auia visto beuer; y fue tanto el asco que tomó,
que, reboluiendosele el estomago, vomitó las
tripas sobre su mismo señor, y quedaron
entrambos como de perlas. Acudio Sancho a su
asno para sacar de las alforjas con que                  15
limpiarse y con que curar a su amo, y como no
las halló, estuuo a punto de perder el juyzio.
Maldixose de nueuo y propuso en su coraçon
de dexar a su amo y boluerse a su tierra,
aunque perdiesse el salario de lo seruido y las          20
esperanças del gouierno de la prometida insula.
  Leuantose en esto don Quixote, y, puesta la
mano yzquierda en la boca, porque no se le
acabassen de salir los dientes, asio con la otra
las riendas de Rozinante, que nunca se auia              25
mouido de junto a su amo, tal era de leal y
bien acondicionado, y fue(s)se a donde su
escudero estaua, de pechos sobre su asno, con la
mano en la mexilla, en guisa de hombre
pensatiuo ademas. Y, viendole don Quixote de             30
aquella manera, con muestras de tanta
tristeza, le dixo:




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 244

  Sabete, Sancho, que no es vn hombre mas
que otro, si no haze mas que otro. Todas estas
borrascas que nos suceden son señales de que
presto ha de serenar el tiempo y han de
sucedernos bien las cosas, porque no es possible          5
que el mal ni el bien sean durables, y de aqui
se sigue que, auiendo durado mucho el mal, el
bien está ya cerca. Assi que no deues congojarte
por las desgracias que a mi me suceden,
pues a ti no te cabe parte dellas.                      10
  ¿Cómo no?, respondio Sancho. Por ventura
el que ayer mantearon, ¿era otro que el
hijo de mi padre? Y las alforjas que oy me
faltan, con todas mis alhajas, ¿son de otro que
del mismo?                                              15
  ¿Que te faltan las alforjas, Sancho?, dixo
don Quixote.
  Si que me faltan, respondio Sancho.
  Desse modo, no tenemos qué comer oy,
replicó don Quixote.                                     20
  Esso fuera, respondio Sancho, quando
faltaran por estos prados las yeruas que
vuestra merced dize que conoce, con que suelen
suplir semejantes faltas los tan mal auenturados
andantes
(*) caualleros como vuestra merced              25
es.
  Con todo esso, respondio don Quixote,
tomara yo aora mas ayna vn quartal de pan,
o vna hogaza, y dos cabeças de sardinas arenques,
que quantas yeruas descriue Dioscorides,                 30
aunque fuera el ilustrado por el doctor
Laguna
(*). Mas, con todo esto, sube en tu




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 245

jumento, Sancho el bueno, y vente tras mi; que
Dios, que es proueedor de todas las cosas,
no nos ha de faltar, y mas, andando tan en su
seruicio como andamos, pues no falta a los
mosquitos del ayre, ni a los gusanillos de la             5
tierra, ni a los renaquajos del agua. Y es tan
piadoso, que haze salir su sol sobre los
buenos y los malos, y llueue sobre los injustos
y justos.
  Mas bueno era vuestra merced, dixo                   10
Sancho, para predicador que para cauallero
andante.
  De todo sabian y han de saber los
caualleros andantes, Sancho, dixo don Quixote,
porque cauallero andante vuo en los passados            15
siglos, que assi se paraua a hazer vn sermon
o platica en mitad de vn campo real, como si
fuera graduado por la vniuersidad de Paris; de
donde se infiere que nunca la lança embotó
(*) la pluma, ni la pluma la lança.                     20
  Aora bien, sea assi como vuestra merced
dize, respondio Sancho. Vamos aora de
aqui, y procuremos dónde aloxar esta noche,
y quiera Dios que sea en parte donde no aya
mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros           25
encantados; que, si los ay, dare al diablo el
hato y el garauato
(*).
  Pideselo tu a Dios, hijo, dixo don Quixote,
y guia tu por donde quisieres; que esta vez
quiero dexar a tu elecion el alojarnos. Pero             30
dame aca la mano, y atientame con el dedo, y
mira bien quántos dientes y muelas me faltan




           DON QVIXOTE DE LA MANCHA                  p. 246

deste lado derecho, de la quixada alta, que
alli siento el dolor.
  Metio Sancho los dedos, y, estandole
tentando
(*), le dixo:
  ¿Quántas muelas solia vuestra merced                   5
tener en esta parte?
  Quatro, respondio don Quixote, fuera de
la cordal, todas enteras y muy sanas.
  Mire vuestra merced bien lo que dize,
señor, respondio Sancho.                                10
  Digo quatro, si no eran cinco, respondio
don Quixote, porque en toda mi vida me han
sacado diente ni muela de la boca, ni se me
ha caydo, ni comido de neguijon ni de reuma
alguna.                                                 15
  Pues en esta parte de abaxo, dixo Sancho,
no tiene vuestra merced mas de dos muelas
y media, y en la de arriba, ni media ni
ninguna, que toda está rasa como la palma de la
mano.                                                   20
  ¡Sin ventura yo!, dixo don Quixote, oyendo
las tristes nueuas que su escudero le daua,
que mas quisiera que me vuieran derribado vn
braço, como no fuera el de la espada; porque
te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas            25
es como molino sin piedra, y en mucho mas
se ha de estimar vn diente que vn diamante.
Mas a todo esto estamos sugetos los que
professamos la estrecha orden de la caualleria.
Sube, amigo, y guia, que yo te seguire al passo          30
que quisieres.
  Hizolo assi Sancho y encaminose hazia donde




        TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII                p. 247

le parecio que podia hallar acogimiento, sin
salir del camino real que por alli yua muy
seguido. Yendose, pues, poco a poco, porque el
dolor de las quixadas de don Quixote no le
dexaua sossegar ni atender a darse priessa,               5
quiso Sancho entretenelle y diuertille
(*)
diziendole alguna cosa, y entre otras que le dixo,
fue lo que se dira en el siguiente capitulo.